La vida es una TRANSición

 

En poco tiempo varias noticias que han aparecido en la prensa diaria son un reflejo de la sociedad en la que vivimos.

El 10 de Octubre de 2.000, en noticias de redacción de prensa diaria, un titular nos anunciaba que "El Vaticano perdona a Wilde sus pecados a los 100 años de su muerte".

Menos Mal. Oscar se sentirá felicísimo de que, después de ser anatemizado en vida, ahora la panda vaticana diga que "hay que elogiar su (la de Wilde) vuelta a los valores espirituales y a la comprensión de Dios", que siguió al encarcelamiento del extraordinario autor en la prisión de Reading, por indecencia grave, hacia el final de su vida. Como todos sabemos, la incidencia fue que Wilde amó a sus semejantes, pero de su mismo sexo especialmente, y la doctrina católica condena la homosexualidad. El sacerdote Antonio Spandaro, de "La Civilitá Cattolica", comentó que el literato "se convirtió al catolicismo en su lecho de muerte y se adentró en lo más profundo de su alma después de una vida de degradación, vanidad y frivolidad.

Quizá lo que tenía que haber hecho en su vida Oscar Wilde hubiera sido ponerse los hábitos, ejercer sus tendencias aprovechando su condición y mantenerlo todo en el más estricto secreto. A lo mejor entonces su vida no hubiera sido una "degradación" para la iglesia que, ahora, le perdona.

 

El 11 del mismo mes de Octubre de 2.000, en noticia de agencia recogida en la prensa diaria, un titular reza así: "Permiso denegado a un recluso transexual para cambiar de cárcel". Leyendo la noticia nos enteramos que Interior ha negado la petición de un recluso que se considera transexual para ser trasladado a un módulo de mujeres. El ministerio, siempre siguiendo la noticia, alega que de no existir una intervención quirúrgica el sexo biológico debe ser determinante. "Mientras tenga órganos masculinos -insiste el portavoz ministerial- debe permanecer en departamentos de hombres". Y se asegura que su traslado supondría un grave inconveniente y sería perjudicial para la normal convivencia en un centro de mujeres. Perfecto. Así, dentro de cien años, quizá la Iglesia pueda perdonar a esta transexual de sus pecados por una vida de depravación. Mientras tanto, y para mantener el orden, en la cárcel masculina la transexual lo estará pasando estupendamente, sintiéndose entre los "suyos", en lugar de estar con el grupo al que por sentimiento y pensamiento sabe que pertenece. Y si le ocurre algo, pues será culpa suya, por ser transexual -que no está bien visto- en lugar de haber elegido ser terrorista o asesino de ancianas o maltratador de mujeres que, muy lógicamente, en la sociedad actual están bien protegidos por los derechos humanos.

 

Y para terminar la trinca (no el grupo de humor, sino el trío de noticias), el 3 de noviembre de 2.000 y también por la prensa diaria, nos enteramos de que "Un transexual se querella contra un gimnasio que le prohíbe usar el vestuario femenino". ¡Bien...cada vez vamos mejor!

Leyendo a fondo esta noticia nos enteramos de que Naira, el transexual (lo de él siempre es según la prensa), se inscribió en un gimnasio en la parte alta de Barcelona. Cuando lo hizo, en enero del mismo 2.000, nadie se percató de que en su D.N.I. figura un nombre de hombre (No se puede cambiar el nombre sin pasar por el quirófano). Hasta aquí todo bien. Naira se cambiaba en el vestuario que le correspondía (el de mujeres) y no pasaba nada. Pero en marzo, un día, Naira olvidó la tarjeta magnética de acceso y debió mostrar su pasaporte. La recepción se percató del "problema" (que hasta entonces no era tal) y le prohibió usar el vestuario femenino.

Pues bueno, a partir de ahí, mil problemas. Naira, que era (y es) una bella mujer, educada y deportista, dejó de pronto de serlo y se convirtió en un señor hecho y derecho. Y, claro, eso de que "ese señor" se cambie en el vestuario donde se cambiaba cuando era una chica atractiva (o sea, cuando no sabían lo de sus papeles) no puede ser. Atenta contra la moral y las buenas costumbres. Y todos somos muy morales y muy salvaguadores de la moral. Habráse visto desfachatez...querer provocar al personal siendo mujer...dónde vamos a llegar.

Lo dicho. Las transexuales ("los", según la prensa), deberían dedicarse a cosas productivas, como matar de un tiro en la nuca a la gente, asaltar supermercados o, en caso de pocos estudios, ponerse perejil en la cabeza o cantar "Yo cambié" en la tele, que todo eso es moral, decente y culto.

 

Martín Hache

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